La verdá,
No entiendo a la gente que no tiene un arma en su casa. ¡Con lo lindo que es echar a tiros a un Testigo de Jehová! Lo que es yo, hay pocas cosas que disfrute más.
Caen con los libritos, la procesión, los cantitos... toda la bola. Una de dos: o te tocan timbre justo cuando empezó "AMIA PARA TODOS", o cuando estás a punto de ponérsela a alguna vecina.
Una vuelta cayeron y tenía a la gorda de la verdulería de al lado como una moto... lloraba de calentura, te digo, cuando bajé al palo a abrir la puerta. En bolas y con la seguidilla insoportable de timbrazos en el tímpano, bajé a abrir con un batistorde en la mano para estrolárselo al desubicado.
Abro, y no va que son Testigo. Cinco. "AAAAAAAAAAAAAAAAAA-LE-LÚ-YA, AAAAAA-LELÚYA, ALELÚYA, ALELÚYA... ¡CONVIÉRTETE HERMANO!" empezaron a gritar. Uno con cara de comerse los mocos, se arrodillaba en el bache que tengo en la vereda y rezaba como gimiendo. No se sabía si estaba rezando o poseído, el kía. Una flacucha de esas que son mojigatas porque nadie las quiere tocar ni con un chorro de soda, me tiraba agua bendita en el ganso que seguía eretoc. Arriba, la gorda lloraba a moco tendido. Entre los aleluyas y los amén, el cabecilla de níspero me pegaba en la zabiola con la Biblia, para que entienda.
Ahí me frené. Dejé el batistorde en el piso y recapacité. Tanta, pero tanta conchudez, no se curaba a batistordazos. Les pedí por favor que me excusaran un segundico, que enseguida volvía vestido para ser rebautizado in-situ. Subí a la recámara, la puse a la gorda rapidito mientras esperaban, agarré la 38 del abuelo y bajé a los tiros.
Dos cuadras los seguí. ¡Hijos de puta, a vos te parece, venir a joder un domingo! ¡Pero sí... a los tiros hay que sacarlos, señores! ¡Ma' que testigo ni que ocho cuartos! ¿Querés ser testigo de Jehová? ¡Comete un balazo, puto, y miralo en persona! Venir a tirarme agua bendita a mi, a papá...
Hay que ver el placer que genera embocar un tiro en un puritano. Sí, señor. Pero ojo, que la cosa no termina ahí. Ellos serán muy amigos de Dió, pero no aprenden más. Siguen viniendo. Todos los domingos. Y yo, todos los domingos, los rajo a tiros.
El último domingo ya los espere con el rifle con mira, que el anterior se me habían escapado un par. Los vecinos de enfrente se cagan de risa. Escuché que apuestan a ver cuál caga fuego primero. Al pedo apuestan: siempre crepa primero el que anda con la Biblia, que es el que, obviamente, más bronca me da.
Estoy pensando organizar una corrida de Testigos de Jehová, pero soy tan pajero que probablemente no haga nada. Lo que sí, aprovecho la Posta para recomendar al pueblo tener siempre un arma a mano... y que nunca, pero nunca, dejen Testigos.
Ofidio
No entiendo a la gente que no tiene un arma en su casa. ¡Con lo lindo que es echar a tiros a un Testigo de Jehová! Lo que es yo, hay pocas cosas que disfrute más.
Caen con los libritos, la procesión, los cantitos... toda la bola. Una de dos: o te tocan timbre justo cuando empezó "AMIA PARA TODOS", o cuando estás a punto de ponérsela a alguna vecina.
Una vuelta cayeron y tenía a la gorda de la verdulería de al lado como una moto... lloraba de calentura, te digo, cuando bajé al palo a abrir la puerta. En bolas y con la seguidilla insoportable de timbrazos en el tímpano, bajé a abrir con un batistorde en la mano para estrolárselo al desubicado.
Abro, y no va que son Testigo. Cinco. "AAAAAAAAAAAAAAAAAA-LE-LÚ-YA, AAAAAA-LELÚYA, ALELÚYA, ALELÚYA... ¡CONVIÉRTETE HERMANO!" empezaron a gritar. Uno con cara de comerse los mocos, se arrodillaba en el bache que tengo en la vereda y rezaba como gimiendo. No se sabía si estaba rezando o poseído, el kía. Una flacucha de esas que son mojigatas porque nadie las quiere tocar ni con un chorro de soda, me tiraba agua bendita en el ganso que seguía eretoc. Arriba, la gorda lloraba a moco tendido. Entre los aleluyas y los amén, el cabecilla de níspero me pegaba en la zabiola con la Biblia, para que entienda.
Ahí me frené. Dejé el batistorde en el piso y recapacité. Tanta, pero tanta conchudez, no se curaba a batistordazos. Les pedí por favor que me excusaran un segundico, que enseguida volvía vestido para ser rebautizado in-situ. Subí a la recámara, la puse a la gorda rapidito mientras esperaban, agarré la 38 del abuelo y bajé a los tiros.
Dos cuadras los seguí. ¡Hijos de puta, a vos te parece, venir a joder un domingo! ¡Pero sí... a los tiros hay que sacarlos, señores! ¡Ma' que testigo ni que ocho cuartos! ¿Querés ser testigo de Jehová? ¡Comete un balazo, puto, y miralo en persona! Venir a tirarme agua bendita a mi, a papá...
Hay que ver el placer que genera embocar un tiro en un puritano. Sí, señor. Pero ojo, que la cosa no termina ahí. Ellos serán muy amigos de Dió, pero no aprenden más. Siguen viniendo. Todos los domingos. Y yo, todos los domingos, los rajo a tiros.
El último domingo ya los espere con el rifle con mira, que el anterior se me habían escapado un par. Los vecinos de enfrente se cagan de risa. Escuché que apuestan a ver cuál caga fuego primero. Al pedo apuestan: siempre crepa primero el que anda con la Biblia, que es el que, obviamente, más bronca me da.
Estoy pensando organizar una corrida de Testigos de Jehová, pero soy tan pajero que probablemente no haga nada. Lo que sí, aprovecho la Posta para recomendar al pueblo tener siempre un arma a mano... y que nunca, pero nunca, dejen Testigos.
Ofidio
Mirá como me dejaron de angustiada a la gorda, los hijos de puta...















